España y el español según Antonio Machado

En su antología poética, Antonio Machado hace dura crítica del español o la España de su tiempo. La tilda de ignorante y de poco interés en el trabajo de esfuerzo. Da frases como «nuestro español bosteza . . . el vacío es más bien en la cabeza», «ya hay un español que quiere vivir y a vivir empieza, Entre España que muere y otra que bosteza» y «¿Ha de ahogarse en la España que bosteza?. Además, Machado da dos ejemplos perfectos del hombre común de España, siendo el primero una comparación entre un carbonero (español vulgar), un sabio y un poeta, teniendo al carbonero como el que «tiene fantasías en la cabeza» mientras los tres van al teatro. En el segundo ejemplo, Machado también hace notar lo común de la ignorancia, en su frase «de diez cabezas, nueve embisten y una piensa».

Por otro lado, en su antología poética, Machado hace crítica de la hipocresía y la envidia. La primera enmarcada en la frase: «El hombre solo es rico en hipocresía» y la segunda en frases como: «Hoy el vicio es lo que más envidia da», «De lo que llaman los hombres virtud, justicia y bondad, una mitad es envidia, y la otra mitad no es caridad».

Como vemos, Antonio Machado hace dura crítica de la sociedad en que vivía, en paz pero beoda, donde la ignorancia abunda y la envidia y la hipocresía están a rienda suelta.

Bibliografía:

Machado, Antonio. «Poesías»

José Enrique Rodó y Mario Benedetti

En este fragmento mis motivos son la comparación entre dos personalidades, la de José Enrique Rodó y la de Mario Benedetti; escribiendo este último una biografía, donde se evidencia la disparidad de personalidades y es llamada «Rodó, El Pionero que Quedó Atrás».

Las personalidades de estas dos personas son discrepantes. Por un lado Rodó es este personaje tímido, hermético, que raya en la misoginia, con ausencia de amor, ingenuo hasta el punto de expresarse en él una «imposibilidad temperamental para comprender y menos aún admitir, cualquier política de fuerza, cualquier enfrentamiento bélico», lleno de incredulidad política y con una que otra depresión o desaliento y melancolía.

Por otro lado, Mario Benedetti, quién escribió la biografía de Rodó antes mencionada, recurre al erotismo, la sensualidad en el amor, a la experiencia vivida en su poesía y literatura; y a veces siendo enérgico pero solitario; lo que en parte también caracteriza a Rodó y otros escritores como Rubén Darío, al cual a este último Rodó le hace una crítica a su poesía «Prosas Profanas». En esta crítica se manifiesta en Rodó su aborrecimiento a la sensualidad, erotismo, sencillez y expresión de las más energías internas, entre ellas el erotismo, la sensualidad y una tendencia a separarse de lo previamente establecido, disrumpiendo con lo que se había venido haciendo en la literatura hispanoamericana hasta el momento antes del Modernismo por unos atribuido a Rubén Darío en su fase de mayor relevancia.

A manera de conclusión, tenemos a estos dos personajes, Rodó y Benedetti, personalidades diametralmente opuestas pero que comparten algunos elementos en común, como lo son el amor por la literatura pero con perspectivas diferentes de abordarla; uno sensual, erótico y basado en la experiencia, y el otro inocente, conservador y basado en la poca o casi ninguna experiencia de vida; aunque ambos comparten elementos similares relativos a la soledad casi necesaria en la labor del escritor.

Bibliografía:

Benedetti, Mario. «Rodó, el pionero que quedó atrás»

El ritmo, la música y la prosodia

Se sabe que la música y el discurso hablado tienen mucho en común. El ritmo es una de esas dimensiones que las unen entre sí, aunque se entienda el término de manera diferente en ambos ámbitos. El ritmo es la música involucra un sentido de duración y regularidad de los sonidos provocados por las notas musicales, mientras que en la prosodia del discurso hablado el ritmo se entiende como un complejo de características de un lenguaje en particular que no involucra la regularidad de un patrón sino más bien la distinción entre la expresión de diferentes tipos de sílabas aplicando la acentuación, la elongación o recorte de la duración, el contraste tonal y otras variables, para crear así la distinción y clasificación de los diferentes idiomas entre un rango de dos extremos, los idiomas que se basan en la acentuación como el idioma inglés y los lenguajes silábicos como el francés. Esta distinción solo intenta captar la idea de que algunos idiomas hacen la distinción entre sílabas fuertes y débiles y otros no, creando de esta forma una sensación de ritmo particular para cada idioma individual.

A pesar de la distinción entre el ritmo musical y el ritmo del lenguaje hablado, en sus orígenes la música occidental comparte semejanzas con el lenguaje hablado. Por ejemplo, el CANTUS PLANUS, haciendo referencia al «canto llano» o canto gregoriano, poseía ritmo, con notas largas y breves como de sílabas acentuadas, aunque dentro de un «tiempo subjetivo, no cuantificado, un tiempo relacionado con el lenguaje», específicamente con la prosodia de la lengua latina. Más adelante surgiría el CANTUS MENSURATUS con las características del ritmo musical entendido en la actualidad donde el tiempo es medido.

La música y la prosodia poseen tanto similitudes como marcadas diferencias, especialmente en la dimensión del ritmo. Este aspecto nos ayuda a apreciar, disfrutar y hasta de distinguir tanto diferentes géneros y piezas musicales, como los diferentes idiomas hablados en el mundo.

Bibliografía:

Abromont, Claude, de Montalembert, Eugène. «Teoría de la música: Una guía».

Cutler, A.. «Linguistic rhythm and speech segmentation».

El arte y el buen diseño

Tanto el arte como el buen diseño empiezan con la «confluencia de dos elementos, el contenido y la forma, ambos influenciándose mutuamente entre sí». «A medida que se trabaja la sustancia (ideas, caracteres, escenario), la forma (arreglo de eventos y elementos, selección de estilo) se remodela a sí misma. A medida que se juega con la forma, el espíritu intelectual y emocional de la obra u objeto de diseño evoluciona». Todo ello para transmitir originalidad y no recurrir al camino ya pisado, obteniendo así una pieza fresca que sea la confluencia de imaginación y funcionalidad en el caso del diseño y con capacidad de influir en el alma del espectador en el caso se arte.

Bibliografía: McKee, Robert. «Story».

El sellado

«Existe una frase muy conocida que dice: Asa la carne para sellar dentro los jugos. Esta idea se le ocurrió al eminente químico Justus von Liebig alrededor de 1850, la cual fue desmentida décadas después. El motivo principal de asar la carne según Liebig era minimizar la evaporación de las sustancias solubles en agua, las cuales Liebig consideraba nutricionalmente importantes. En su libro Researches on the Chemistry of Food (Investigaciones sobre la Química de los Alimentos), Liebig señala que esto podría hacerse calentando la carne rápidamente para formar una capa o corteza, impidiendo el flujo de agua y reteniendo así los jugos dentro, para luego cocinar la carne lentamente a una temperatura más baja. Esta idea se hizo popular entre cocineros y escritores de libros de cocina, incluyendo al eminente chef francés Auguste Escoffier. Pero simples experimentos en la década de 1930, demostraron que Liebig estaba equivocado. La corteza que se forma en la superficie de la carne no es a prueba de agua, más bien la pérdida de agua es proporcional a la temperatura de la carne, por lo que el calor intenso del asado la seca más que el causado por temperaturas moderadas. Liebig estaba equivocado acerca de que el asado mantiene dentro los jugos, pero sí estaba en lo correcto en decir que el asado hace la carne más deliciosa al favorecer las reacciones que generan el dorado de la carne, haciendo que salivemos más y percibamos la carne como más suculenta».

Bibliografía: McGee, Harold. «ON FOOD AND COOKING: The Science and Lore of the Kitchen».

Espumas de huevo y el cuenco de cobre

«La tradición francesa ha especificado desde hace mucho tiempo el uso de utensilios de cobre para hacer espumas de huevo. Esto se debe a que el cobre, entre otros metales como la plata, tiene la tendencia de formar enlaces extremadamente fuertes con los grupos reactivos sulfuro de las proteínas del huevo, tan fuertes que el sulfuro es impedido de reaccionar con cualquier otra cosa. Así, la presencia del cobre en el proceso de montar las claras de huevo esencialmente elimina el tipo de enlace de proteína más fuerte que se puede formar y hace más difícil que las proteínas se adhieran unas a otras estrechamente, permitiendo así la formación de la espuma».

Bibliografía: McGee, Harold. «ON FOOD AND COOKING: The Science and Lore of the Kitchen».

¿El huevo o la gallina?

Desde tiempos inmemoriales, el huevo ha sido símbolo del origen de los «animales, los humanos, los dioses, la Tierra, del cosmos entero», siendo además inspiración de mitos creacionistas como el de Pángǔ (盤古) y la creación de la Tierra en la mitología china, o el de la creación del mundo en el Chāndogya-upaniṣad, «en donde el mundo se desarrolló a partir de un huevo y en donde la Tierra se formó de la yema y el cielo de la clara, estando también en el Libro de los Muertos egipcio, el Rig Veda indio o los Misterios Órficos griegos. Es por esta conexión del huevo con los orígenes en diversas culturas que tal vez haya surgido la adivinanza de «qué fue primero, el huevo o la gallina». Esta adivinanza nos remite a la pregunta sobre el origen de cualquier hecho, situación o cosa que puede resultar paradójico o enigmático. Muchas respuestas se han dado a favor de uno u otro, entre las que se encuentran la dada por «los padres fundadores de la iglesia en la que se favorece a la gallina por haber creado Dios primero a las criaturas de acuerdo con el libro del Génesis», y la dada por «personalidades como el victoriano Samuel Butler, el cual favoreció al huevo argumentando que la gallina es solo la manera de un huevo de fabricar otro huevo». De todas maneras, Harold McGee nos hace saber en su libro «ON FOOD AND COOKING: The Science and Lore of the Kitchen» que «los huevos existieron mucho antes que las gallinas», a pesar de que por otro lado, el paleontólogo Jack Horner nos dice que la gallina fue primero en la producción del huevo de gallina debido a mutaciones genéticas que condujeron a la reproducción de gallinas.

A pesar del punto de vista en que se vea, la paradoja de la adivinanza de «qué fue primero, el huevo o la gallina» seguirá existiendo y será ejemplo y vía de expresar lo inexplicable de los orígenes del mundo, los seres vivos y cualquier otro hecho o situación que parezca imposible de desentrañar.

Bibliografía: McGee, Harold. «ON FOOD AND COOKING: The Science and Lore of the Kitchen».

Los huevos

«Los huevos son uno de los alimentos más nutritivos y fáciles de digerir. La yema de huevo nos proporciona aminoácidos esenciales, varias vitaminas (B1, B2, B6, B12, A, D), biotina, ácidos grasos esenciales, zinc, magnesio, entre otros nutrientes. Sin embargo, debido a la «ciencia errática» y a la publicidad comercial los huevos se han hecho impopulares, por lo que su consumo sufrió una baja pronunciada desde principios de 1950, especialmente en los EE.UU.. Ello fue causa de que los huevos contienen colesterol, alrededor de 215 miligramos en comparación a los 50 miligramos que contiene un pedazo equivalente de carne».

«El colesterol está presente en grandes cantidades en los huevos debido a que es un componente esencial para las membranas celulares animales, de las cuales el embrión del pollo debe fabricar muchos millones antes de salir del cascarón».

«Como el colesterol elevado incrementa el riesgo de enfermedades al corazón, muchas asociaciones médicas han recomendado desde hace mucho tiempo, limitar el consumo de yemas de huevo a dos o tres por semana. Sin embargo, recientes estudios en consumidores moderados han demostrado que el consumo de huevo tiene poca influencia en el colesterol en sangre, más bien, su consumo hace que las personas tengan un menor riesgo de padecer enfermedades del corazón o arterosclerosis. Esto se debe a que el 85% del colesterol en sangre no proviene de los alimentos sino que es producido por el hígado en respuesta al consumo de carbohidratos procesados y azúcar, y no como lo sugiere Harold Mcgee en una de las ediciones de su libro «ON FOOD AND COOKING: The Science and Lore of the Kitchen» al consumo de grasas saturadas provenientes de la carne, productos lácteos y los huevos. Es más, las grasas saturadas protegen al corazón al disminuir la lipoproteína-a (Lp(a)) en la sangre, que es una sustancia dañina que inicia la arterosclerosis, además reducen los depósitos de calcio en las arterias y son la fuente preferida de energía para el músculo cardíaco. También, las grasas saturadas mejoran el sistema inmunológico, nos protegen de las infecciones y son esenciales para que el cuerpo sea capaz de utilizar los ácidos grasos insaturados omega-3 y omega-6, por lo que las grasas que mayormente debemos consumir son las saturadas y monoinsaturadas, y no como lo sugiere la campaña de marketing de la industria de aceites y grasas comestibles que promovió la idea de que los ácidos saturados (las grasas animales y los productos lácteos) eran problemáticos y que los poliinsaturados (principalmente de maíz y más adelante el aceite de soya o soja) brindaban buena salud, todo esto a raíz del anuncio de un investigador norteamericano llamado Ancel Keys de que la epidemia de la enfermedades del corazón estaba causada por las grasas vegetales hidrogenadas, siendo esta misma persona la introductora de la idea de que las grasas saturadas eran las culpables».

«Los huevos, con un 60% de calorías provenientes de grasas y conteniendo en su mayoría grasas insaturadas y un tercio de grasas saturadas, son una buena fuente de estas sustancias beneficiosas para la salud, tal como lo sugiere la opinión de la doctora Natasha Campbel-McBride en su libro «El sídrome del intestino y la psicología GAPS», y que no causan un aumento de colesterol en sangre».

Bibliografía:

McGee, Harold. «ON FOOD AND COOKING: The Science and Lore of the Kitchen».

Campbel-McBride, Natasha. «El síndrome del intestino y la psicología GAPS».

Hierbas, especias y el envenenamiento por comida

«La creencia popular sugiere que las hierbas y especias se empezaron a utilizar, especialmente en regiones tropicales, debido a las sustancias químicas defensivas contra los microbios que dichas hierbas y especias poseen. Mientras algunas, como el ajo, la canela, el clavo de olor, el orégano y el tomillo, son bastante efectivos matando microbios dañinos importantes, la mayoría de las hierbas y especias no lo son. Además, muchas de ellas, en especial la pimienta y otras a las que les toma varios días para secarse en climas tropicales, llevan consigo millones de microbios, siendo necesario en muchos casos la fumigación con óxido de etileno u óxido de propileno, el paso por vapor o la irradiación».

Bibliografía: McGee, Harold. «ON FOOD AND COOKING: The Science and Lore of the Kitchen».

Hierbas y especias como medicinales

«Las hierbas y especias se han considerado desde hace tiempo como poseedoras de propiedades curativas. Esto puede deberse a que muchas de las primeras sustancias empleadas en la medicina se derivaron de las plantas, siendo ejemplo de estas sustancias la aspirina, el digitalis, la quinina, el taxol, entre otros».

«Las hierbas y las especias, con su especialización en compuestos fenoles y terpenos, fomentan tres tendencias beneficiosas en la salud. La primera es que los fenoles, presentes de manera más efectiva en el orégano, el laurel, el eneldo, el romero y la cúrcuma, son antioxidantes, previniendo el daño al ADN, partículas de colesterol y otros materiales. La segunda es que los terpenos, los cuales no previenen la oxidación, reducen la producción de moléculas que dañan el ADN y que además pueden causar cáncer, ayudando en el control del crecimiento de tumores. Por último, algunos fenoles y terpenos son antiinflamatorios, moderando la reacción exagerada del cuerpo al daño celular que puede contribuir a la generación de enfermedades del corazón y cáncer».

«De las hierbas y especias, a pesar de su composición en sustancias fenólicas y terpenos, no se sabe a ciencia cierta si contribuyen de manera significativa en el tratamiento de ninguna enfermedad».

Bibliografía: McGee, Harold. «ON FOOD AND COOKING: The Science and Lore of the Kitchen».