La razón me dice “espera”,
la pasión me empuja a arder;
una enfría lo que altera,
otra no sabe ceder.
Voy partido en dos caminos,
entre el juicio y la emoción;
uno mide mis destinos,
otro rompe la razón.
La razón me dice “espera”,
la pasión me empuja a arder;
una enfría lo que altera,
otra no sabe ceder.
Voy partido en dos caminos,
entre el juicio y la emoción;
uno mide mis destinos,
otro rompe la razón.
¿Quién soy?, esa es la pregunta clave,
¿Seré la imagen sobre un espejo?,
¿o solo la sombra ya de un reflejo?,
¿seré un nombre escrito en secreta clave?.
Soy lo que callo en susurro suave,
soy todos y ninguno al mismo tiempo,
soy quien fui y no soy en el invierno frío,
soy lo que busco ser cual leve ave.
Soy la continua transformación del ser,
no existe un yo definitivo,
aunque parece difícil comprender.
No soy respuesta, soy motivo,
soy un alma en búsqueda de crecer,
ni un nombre fijo, claro y decisivo.
En primavera capullo una flor,
semilla hecha un ya fruto de rosa,
imagen de una estación en ardor.
En el verano floreces con dolor,
toda engalanada, toda roja,
mostrando todo tu variado color.
En el otoño tus flores marchitas,
pronto nos llega el fin de una vida,
el transcurso de una vida bendita.
En el invierno surge la herida,
producto tiempo, alma infinita,
al final solo nos queda pérdida.
Vida ya pasada en su camino,
no hay más puertas en este sendero,
única opción para el viajero,
hilos que revelan un destino.
Todo está en el hecho de obedecer,
perseguir o no la propia voluntad,
ese es el secreto de la libertad
tener la oportunidad de un escoger.
No todo es destino absoluto,
la forma de recorrer el camino,
la libertad casi sin sustituto.
El sendero es dado por el destino,
aunque el paso sea ya diminuto,
nosotros damos paso al camino.
Tallo verde, delgado y ligero,
esbelto cilindro de caña hueca,
surge de la selva y jamás trueca,
símbolo sencillo de lo austero.
Te inclinas al susurro del viento,
temblores sin quebranto ni sin queja,
el viento trae el canto de la selva,
compañero inseparable viajero.
Tu ligereza invencible de acero,
por más que sople el ya fuerte viento,
imagen fortaleza verdadero.
Carácter humano en el movimiento,
jamás sin separarse del sendero,
así debería ser pensamiento.

The village preacher happened to be visiting the home of an elderly parishioner and, while drinking a cup of coffee, answered the questions that the grandmother kept asking him.“Why does the Lord send us epidemics so often?” the old woman asked.“Well…,” the preacher replied, “sometimes there are people so wicked that they must be eliminated, and so the Lord allows epidemics.”“But,” the grandmother objected, “then why are so many good people eliminated along with the wicked ones?”
“The good people are called as witnesses,” the preacher explained. “The Lord wants every soul to have a fair trial.”
“There is absolutely nothing for which the inflexible believer cannot find an explanation.”
Anthony de Mello tells us that religious people always find a reason for things, sometimes based on their dogma and the Holy Scriptures, regardless of the truth about reality.
Bibliography:
de Mello, Anthony. «The Song of the Bird».

El predicador de la aldea se hallaba visitando la casa de un anciano feligrés y, mientras tomaba una taza de café, respondía las preguntas que la abuela no dejaba de hacerle.«¡Por qué el Señor nos envía epidemias tan a menudo?», preguntaba la anciana. «Bien…», respondía elpredicador, «a veces hay personas tan malas que es preciso eliminarlas, y por ello el Señor permite las epidemias».«Pero», objetó la abuela «entonces, ¿por qué son eliminadas tantas buenas personas junto con las malas?».
«Las buenas personas son llamadas como testigos», explicó el predicador. «El Señor quiere que todas las almas tengan un juicio justo».
«No hay absolutamente nada para lo que el creyente inflexible no encuentre explicación».
Anthony de Mello nos dice que las personas religiosas siempre encuentran una razón para las cosas, de vez en cuando basado en su dogma y las sagradas escrituras; sin importar la verdad acerca de la realidad.
Bibliografía:
de Mello, Anthony. «El canto del pájaro».
Ya terminó el ya tu pesaroso andar,
todo terminó en tu sin cesar afán,
caminar todo el día sin vagar,
jornada completa sin poder cesar.
Ya dejaste tu ya muy pesada carga,
fruto de un futuro buen alimento,
no hay que hacerle caso a los vientos,
protección nutritiva será dada.
El otoño da paso a las lluvias,
con el frío llega el duro letargo,
cerca llegan las horas tan sombrías.
Es mejor tener un muy bien resguardo,
dado cercanía de tierras frías,
promesa futura, un buen verano.
Hojas rojas caen al día, es otoño,
revolotean frágiles al viento,
es momento tardío en el tiempo,
simientes para un futuro retoño.
Momento de madurez y reflexión,
poco a poco se pierde la memoria,
tras los pasos de la rica historia,
no son más que los pasos de la vejez.
Ya no son muchas las perdidas cosas,
tan solo es el presente que queda,
revolotear en el aire de hojas.
Solo aceptación es lo que queda,
tras los pliegues de la carne ya floja,
belleza ignota tras la maleza.
Rocío hecho río,
pasar del tiempo en el vacío.
Me hecho a la mar,
con el sueño de no regresar.
El otoño trae sus hojas rojas,
tratando de disipar las congojas.
Amor perdido,
surge un nuevo latido.