
Hang Ong en su novela «El maestro del Feng Shui» (Fixer Chao en inglés) nos cuenta cómo un taxi boy filipino asciende en la escala social al ser «reclutado» por Shem, un escritor judío resentido, el cual le convence de hacerse pasar por William Chao; un nombre ficticio, para poder ejercer la profesión de maestro de Feng Shui. Esto lo hace Shem para engañar a ciertas personas de su círculo social de riqueza con la intención de engañarles, sacarles dinero y por qué no, como en algunos casos, estafarlas y hacerles daño.
William Chao, el personaje, se vuelve cada vez más popular entre la gente adinerada, sintiendo el nuevo aprecio y dejando atrás el sentimiento de discriminación racial y social. En algunos casos, hizo el bien «arreglando» el Feng Shui de las casas de las personas escogidas por Shem y a otras no, como la venganza que realizó una vez al «arreglar» mal una de las casas asignadas, debido a que la dueña sentía cierta repulsión por William.
Finalmente las cosas se salen de las manos al ser descubierto William por Kendo, el hijo de Suzy Yamada, el cual ejerció el chantaje sobre William amenazándolo con desenmascararlo. Al verse en aprietos con la antigua amante de Shem, en este caso Suzy, que descubriría finalmente la estafa y lo denunciaría, se sucede la retirada de William del oficio, intentando recaudar dinero de los últimos clientes que le quedaban y en algunos casos haciendo el bien.
A pesar de todos los cuidados, William es descubierto y fue mandado a matar por Suzy a través del delatador que quería dinero de William. Finalmente William es acorralado para ser ejecutado por su perseguidor, pero interviene Kendo al decirle al asesino que Suzy ya no quiere la muerte de William. El asesino, al dudar, le clava un cuchillo en el pecho a Kendo y huye.
William acompaña a Kendo en su muerte y se escapa. Para poder dejar lo de atrás, William toma un autobus a Los Ángeles con la idea de escapar y tener una nueva vida. Lo logra haciéndose invisible con el dinero que le quedaba de sus ahorros y la novela termina con un sentimiento de libertad en la frase del autor: «Mi vida permaneció sin altibajos … , y sin que nadie me molestara … el hecho de que yo caminara por la vida como si fuera invisible – se convirtió en una bendición hermosa y extraña, y me liberó e hizo que pudiera vivir mi vida de nuevo».
Esta novela no tiene moraleja final, es solo una crítica satírica de la sociedad Norteamericana; particularmente de la sociedad rica neoyorkina, y por qué no, pudiéndose extrapolar a cualquier otra, ávida de establecer el equilibrio en sus vidas a toda costa y ejerciendo rituales y creencias que estén en boga, con el dinero que lea sobra y sintiendo desprecio por las clases más bajas de la sociedad; al menos eso es lo que nos retrata el autor a través de los pensamientos de William.
Bibliografía:
Ong, Han. «El maestro de Feng Shui».








