«Los huevos son uno de los alimentos más nutritivos y fáciles de digerir. La yema de huevo nos proporciona aminoácidos esenciales, varias vitaminas (B1, B2, B6, B12, A, D), biotina, ácidos grasos esenciales, zinc, magnesio, entre otros nutrientes. Sin embargo, debido a la «ciencia errática» y a la publicidad comercial los huevos se han hecho impopulares, por lo que su consumo sufrió una baja pronunciada desde principios de 1950, especialmente en los EE.UU.. Ello fue causa de que los huevos contienen colesterol, alrededor de 215 miligramos en comparación a los 50 miligramos que contiene un pedazo equivalente de carne».
«El colesterol está presente en grandes cantidades en los huevos debido a que es un componente esencial para las membranas celulares animales, de las cuales el embrión del pollo debe fabricar muchos millones antes de salir del cascarón».
«Como el colesterol elevado incrementa el riesgo de enfermedades al corazón, muchas asociaciones médicas han recomendado desde hace mucho tiempo, limitar el consumo de yemas de huevo a dos o tres por semana. Sin embargo, recientes estudios en consumidores moderados han demostrado que el consumo de huevo tiene poca influencia en el colesterol en sangre, más bien, su consumo hace que las personas tengan un menor riesgo de padecer enfermedades del corazón o arterosclerosis. Esto se debe a que el 85% del colesterol en sangre no proviene de los alimentos sino que es producido por el hígado en respuesta al consumo de carbohidratos procesados y azúcar, y no como lo sugiere Harold Mcgee en una de las ediciones de su libro «ON FOOD AND COOKING: The Science and Lore of the Kitchen» al consumo de grasas saturadas provenientes de la carne, productos lácteos y los huevos. Es más, las grasas saturadas protegen al corazón al disminuir la lipoproteína-a (Lp(a)) en la sangre, que es una sustancia dañina que inicia la arterosclerosis, además reducen los depósitos de calcio en las arterias y son la fuente preferida de energía para el músculo cardíaco. También, las grasas saturadas mejoran el sistema inmunológico, nos protegen de las infecciones y son esenciales para que el cuerpo sea capaz de utilizar los ácidos grasos insaturados omega-3 y omega-6, por lo que las grasas que mayormente debemos consumir son las saturadas y monoinsaturadas, y no como lo sugiere la campaña de marketing de la industria de aceites y grasas comestibles que promovió la idea de que los ácidos saturados (las grasas animales y los productos lácteos) eran problemáticos y que los poliinsaturados (principalmente de maíz y más adelante el aceite de soya o soja) brindaban buena salud, todo esto a raíz del anuncio de un investigador norteamericano llamado Ancel Keys de que la epidemia de la enfermedades del corazón estaba causada por las grasas vegetales hidrogenadas, siendo esta misma persona la introductora de la idea de que las grasas saturadas eran las culpables».
«Los huevos, con un 60% de calorías provenientes de grasas y conteniendo en su mayoría grasas insaturadas y un tercio de grasas saturadas, son una buena fuente de estas sustancias beneficiosas para la salud, tal como lo sugiere la opinión de la doctora Natasha Campbel-McBride en su libro «El sídrome del intestino y la psicología GAPS», y que no causan un aumento de colesterol en sangre».
Bibliografía:
McGee, Harold. «ON FOOD AND COOKING: The Science and Lore of the Kitchen».
Campbel-McBride, Natasha. «El síndrome del intestino y la psicología GAPS».
